domingo, 7 de noviembre de 2010

Las expectativas de la reunificación alemana

Entrevista a Wolfgang Thierse, vicepresidente del Bundestag, el Parlamento Federal alemán:
"Las expectativas de la reunificación alemana aún no han sido satisfechas, falta mucho por terminar"

El legislador, quien hace 20 años vivió desde la ex RDA el proceso de adhesión, dice que al menos hasta 2019 se deberá subvencionar a las regiones orientales.  

Jean Palou Egoaguirre 
Como un proceso de "solidaridad sin parangón en la historia" califica Wolfgang Thierse, vicepresidente del Bundestag, los millonarios aportes financieros que los alemanes occidentales han traspasado a los nuevos Estados federados orientales desde que el 3 de octubre de 1990 se selló la reunificación alemana.
"Efectivamente ha sido muy, muy caro", recalca el parlamentario socialdemócrata, quien perteneció en la ex RDA al movimiento opositor Neues Forum, uno de los que impulsaron la llamada "revolución pacífica", y quien ha sido diputado desde 1990. "Sin embargo, las expectativas que teníamos entonces todavía no han sido satisfechas del todo. Todavía no hemos terminado; falta mucho", añade.
Hasta ahora se calcula que las regiones que pertenecían a la ex RDA han recibido 1,3 billones de euros en ayuda de sus compatriotas de la parte occidental, que pagan el Impuesto Solidario, o "Soli", un tributo introducido en 1991 para financiar la recuperación de la colapsada economía del oriente y que equivale al 5,5% del impuesto a la renta.
Según una encuesta de la revista Stern, hoy el 71% de los alemanes considera que 20 años después de la reunificación ya no se requiere ese gravamen; sin embargo, Thierse lo defiende: "Este impuesto solidario todavía es necesario. Alemania oriental aún debe ser subvencionada. Al menos hasta el 2019 (fecha en que está contemplado) necesitamos estos fondos tributarios. Hemos definido un plazo de 30 años después de la reunificación para llegar a una relativa normalidad en Alemania", dice.
"No se pueden bajar los impuestos y reducir el endeudamiento y a la vez seguir ayudando financieramente el desarrollo de Alemania oriental. Sería como buscar la cuadratura del círculo", indica el parlamentario, quien expuso esta semana en el Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica.
Visión idealizada
Thierse recuerda que 20 años atrás los alemanes orientales, inmersos en una dura dictadura comunista de cuatro décadas, tenían una visión idealizada del occidente. "Sabíamos de Alemania occidental a través de la televisión y de relatos de amigos que nos visitaban en la RDA. Pero ya sabe cómo es: las imágenes de la TV siempre se ven más bonitas que la realidad y los amigos siempre cuentan una versión más amable", dice entre risas. "Pero la verdad es que la gran mayoría queríamos cuanto antes refugiarnos ante el techo salvador de Alemania occidental".
Sin embargo, en su opinión, hubo errores que repercuten hasta hoy, como algunas privatizaciones mal hechas. "Hubo una presión inaudita para hacer esto de forma rápida. La idea era que la transformación de la propiedad estatal oriental se convirtiera en privada rápidamente, lo que implicó cerrar muchísimas empresas y se perdieran cientos de miles de empleos", dice Thierse, quien también señala que fue un error "traspasar todo, realmente todo, de Alemania occidental a la oriental sin preguntarse siquiera si acaso había algunas experiencias o instituciones que pudieran servir".
"Pero al describir estos errores quiero decir también que hay muchas otras cosas que se tuvieron que hacer sin alternativa, y fue lo correcto", añade.
Los desafíos -advierte Thierse- siguen siendo enormes: actualmente el Este tiene una capacidad productiva equivalente al 73% del occidente alemán, los sueldos son equivalentes al 85%, mientras que el desempleo llega al 11,5%, el doble de lo que se registra en los Estados federados occidentales. El Este, además, se está despoblando: los habitantes han caído de 16 millones a 13 millones (sin contar Berlín), perdiendo principalmente jóvenes, quienes emigran buscando mejores oportunidades laborales.
"Necesitamos seguir fomentando, sobre todo, lo que tiene perspectiva de futuro, como las tecnologías emergentes, para que se logre el mismo nivel de productividad que en Alemania occidental, lo que permitirá pagar los mismos sueldos y bajar también la sensación de desigualdad o injusticia", señala el parlamentario, quien recalca que hoy una de cada seis celdas solares del mundo se fabrica en las regiones de la ex RDA.
Pero también hay barreras culturales, tanto o más difíciles de borrar. "Obviamente, después de 40 años de división hay diferencias en las concepciones valóricas, en las actitudes", afirma Thierse, quien matiza reseñando que Alemania siempre ha sido un país de "gran diversidad". "Algunas cosas se van a resolver recién cuando haya un cambio generacional (...) Pero es claro que el proceso de reconstrucción de la sociedad civil va a ser mucho más largo que la reorganización de la economía".
 Derrota del SPD: "No sirven giros de 180 grados"
Con 20 años en el Bundestag, donde ha sido presidente y hoy vicepresidente, Wolfang Thierse es una de las figuras del Partido Socialdemócrata (SPD). Su colectividad el año pasado recibió una de sus derrotas más duras, tras obtener sólo el 33% de los votos y ser "desalojada" de la coalición gobernante que lidera Angela Merkel, quien prefirió aliarse con los liberales. "Estamos en un proceso de debate muy intenso al interior del partido", afirma.
"Primero debemos evitar el error de creer que todo lo que el SPD ha hecho ha estado mal. Los giros en 180 grados no contribuyen a la credibilidad. Pero también tenemos que evitar el otro error, de hacer caso omiso de por qué el elector nos castigó".
Thierse asegura que en este año el gobierno de Merkel, que ha caído mucho en las encuestas, "ha llamado la atención por muchas discusiones, muchas peleas, lo que no le gusta a los alemanes". Según explica, en Alemania tanto el SPD como la CDU de la Canciller tienden al centro, pero los liberales cargaron la balanza hacia la derecha. "La mayoría de los alemanes tiene un cierto ánimo básico socialdemócrata, en el sentido de que desean que la política logre que se mantenga unido el progreso económico con seguridad social. Y cuando los ciudadanos se dan cuenta que ese equilibrio no se mantiene, se resienten. No perdonan".

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